Charles Darwin y el evolucionismo




A 200 años de la evolución
Se cumplen dos siglos del nacimiento de Charles Darwin, padre de la teoría que cambiaría a la biología y al mundo.

"Las teorías de Charles Darwin revolucionaron nuestro conocimiento del mundo y sus ideas sentaron las bases de la sociedad y la ciencia moderna, ya que nos ayudaron a comprender mejor nuestro lugar en el medio natural". Son palabras del presidente del Museo de Historia Natural de Londres, Oliver Stocken, que explican por qué el 2009 va a ser un año cargado de eventos, especialmente en el Reino Unido, para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Darwin y los 150 años de la publicación de "El origen de las especies", cuyo autor es considerado, junto a Newton, el científico británico más importante de todos los tiempos.
No hay que olvidar que como dijo el famoso genetista Theodosios Dobzhansky a principios de siglo: "Nada en la biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución".
Los postulados darwinianos generaron (y generan) enorme polémica porque sitúa fuera de la
religión el origen y desarrollo de la vida. Básicamente, la teoría plantea que las especies (el hombre incluido) sobreviven por la llamada selección natural, el proceso por el cual las mejores condiciones de los individuos tienen éxito reproductivo y al fin, garantizan la continuidad de una especie, adaptándose de la mejor manera a su medio.
La teoría fue desarrollada y argumentada en El origen de las especies, que agotó su edición en un solo día. Si bien se trata de un texto científico, el pilar de la biología moderna, su lectura resulta accesible. Años más tarde, en 1871, Darwin publicó El origen del hombre. Si ya tenía problemas con la Iglesia Católica, este libro terminó de agrietar los vínculos. Darwin plantea allí que los humanos evolucionan de un ser parecido al mono que, por selección natural, se irguió.
El científico en Uruguay
Charles Darwin visitó al menos dos veces Uruguay en el marco de su viaje por el mundo en el
buque HMS Beagle entre 1831 y 1836. En la primera ocasión, Darwin estuvo al menos cuatro
meses en nuestro país, pero prácticamente no constan documentos de su presencia, salvo sus propias anotaciones. La razón: era un joven científico de 22 años que por el momento no adquiría la fama mundial que contrajo con su teoría.
Darwin visitó Colonia, Maldonado y Lavalleja y en su diario habla de la "incultura" que encontró entre los habitantes. "Me preguntaron qué era lo que se movía, si la Tierra o el Sol, y si en el Norte hacía más calor o más frío; dónde estaba España. Mi sorpresa fue grande al descubrir tanta ignorancia entre personas que poseían millares de vacas y estancias", escribe por ejemplo sobre Maldonado.
“Apenas existe algo de comercio; las exportaciones se limitan a algunas pieles y algunas cabezas de ganado viviente. Los habitantes están constituidos principalmente por propietarios, algunos tenderos y artesanos necesarios tales como herreros y carpinteros, que ejecutan todos los trabajos en un radio de 50 millas. La ciudad está separada del río por una línea de colinas de arena que tiene alrededor de una milla (1.600 metros) de anchura; está rodeada por los otros lados por un terreno llano, ligeramente ondulado, recubierto de una capa uniforme de hermoso césped, que pacen innúmeros rebaños de ganado vacuno, de carneros y de caballos. Hay muy pocas tierras cultivadas, incluso en los inmediatos alrededores de la ciudad. (...) La Banda Oriental podría alimentar a un número increíble de animales. En la actualidad, el número de pieles exportadas anualmente desde Montevideo asciende a 300.000; pero el consumo interior es muy considerable a causa del despilfarro de ellas en todas partes. Un estanciero me dice que a menudo debe enviar grandes rebaños de ganado a mucha distancia; con frecuencia caen los animales al suelo agotados de fatiga, y entonces hay que darles muerte para quitarles la piel. Jamás ha podido persuadir a sus gauchos a que aprovechen un cuarto de tales animales para su comida, ¡y es preciso cada noche dar muerte a otro para la cena!." (DARWIN, 1945. pp. 72 y 192)
Para ampliar esta información consulta los siguientes sitios web:
http://darwin-online.org.uk
www.darwin2009.cam.ac.uk
Fuentes consultadas:
- El País de Madrid
- CHERONI, Alción “Darwin en el reino de las vacas”

Diccionario Herder de filosofía:

Darwin, Charles Robert (1809-82)
Célebre naturalista inglés, autor de la teoría de la evolución de las especies por selección
natural. Nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, hijo de un médico y nieto de un famoso
naturalista (Erasmus Darwin). Influenciado por su padre emprendió estudios de medicina en
Edimburgo, que abandonó pronto, y estudios de teología en la universidad de Cambridge, donde profundizó su interés por las ciencias naturales. En su estancia en Edimburgo fue crucial su amistad con el profesor de botánica J.T. Henslow, con quien trabó una cierta amistad a pesar de la diferencia de edad y de estatus académico. La lectura de las obras de Alexander von Humboldt y de Herschel profundizaron su interés por sus aficiones naturalistas. Henslow
le proporcionó la oportunidad de embarcarse en el Beagle, capitaneado por Fitz-Roy, como
naturalista oficial, en un viaje de exploración científica por el hemisferio sur (Cabo Verde, islas de América del sur, islas Galápagos, Brasil y Australia). Este viaje resultó definitivo para Darwin, pues la enorme cantidad y variedad de observaciones y de material biológico clasificado durante dicha travesía y, en especial, las observaciones realizadas en las islas Galápagos, constituyeron el material a partir del cual Darwin concibió la teoría de la evolución de las especies por medio de la selección natural. Durante la travesía del Beagle, Darwin escribió un minucioso diario naturalista que fue publicado y que le dio a conocer en el mundo científico. No obstante, aunque algunas de las ideas básicas de su teoría evolutiva ya las empezó a concebir durante dicha travesía, no sería hasta veintitrés años más tarde que Darwin publicaría de manera acabada dicha teoría. Tras el viaje, que duró del 27 de diciembre de 1831 al 2 de octubre de 1836, se estableció en Londres, donde trabó amistad con científicos de gran valía como el eminente geólogo Charles Lyell, o los naturalistas Joseph Hooker y T.H. Huxley.
La lectura, en 1838, del Ensayo sobre la población (1798), de Malthus, obra en la que dicho autor expone sus estudios sobre el crecimiento exponencial de la población humana y prevé los conflictos a los que ello desemboca por la falta de recursos, le influyó también de manera notable en la interpretación de sus observaciones a bordo del Beagle. Así, bajo la influencia de dicha lectura, Darwin revela las contradicciones de la vida, sometida a una lucha incesante y violenta por la supervivencia que conduce a la selección inmisericorde de los seres vivos y a la aniquilación de los peor dotados. Con ello Darwin expone una concepción de la naturaleza nada bucólica o armónica: la vida es lucha por la supervivencia. Por otra parte, la obra geológica de Lyell le sugirió la enorme importancia de los cambios aparentemente imperceptibles que se dan en todos los ámbitos de la naturaleza.
En 1842, aquejado por una larga enfermedad que quebró su salud, Darwin, que se había
casado en enero de 1839 y que, entre tanto, ya había publicado Zoología del viaje del Beagle,
trasladó su residencia a Down, en el condado de Kent, donde residió hasta su muerte acaecida el 19 de abril de 1882. Durante todo este período de tiempo Darwin vivió dedicado plenamente a su labor científica, interrumpida solamente por largos períodos de enfermedad. En 1856 recibió un ensayo del naturalista Alfred Russell Wallace en el cual se exponía el mismo núcleo general de la teoría de la evolución, que Darwin había concebido ya desde 1842, y había estado elaborando pacientemente durante años y de la cual solamente se habían publicado en sus obras algunos aspectos muy generales. Lyell y Hooker, buenos conocedores de las teorías
darwinianas, ante la posibilidad de que Wallace se adelantara a Darwin en la formulación de una teoría evolutiva, le aconsejaron publicar cuanto antes una obra en la que expusiera de forma acabada dicha concepción. En el mismo 1856 (el 1 de julio) Darwin presentó a la Linnaean Society, al mismo tiempo que Wallace, una comunicación en la que constaba una carta suya al científico Asa Gray, sobre su teoría, y un esbozo de la misma de 1844, lo que demostraba su paternidad de la teoría evolucionista por medio de la selección natural. Durante los dos años siguientes se dedicó a redactar la que sería su obra fundamental: El origen de las especies por medio de la selección natural, o la lucha por la existencia en la naturaleza, publicada en 1859. En esta obra Darwin expone de manera minuciosa (pero de manera mucho más breve de lo que él hubiera deseado lo que, en la práctica, redundó en un mayor éxito del libro), su teoría de la evolución, conocida como darwinismo, que tanta trascendencia habría de tener no sólo para la biología, sino para la cultura en general.
El origen de las especies es la obra de un naturalista minucioso en la observación, más que la obra de un anatomista o de un fisiólogo, con gran capacidad para sintetizar múltiples datos en una teoría fecunda que buscaba las raíces genealógicas de las diferencias y similitudes de las especies. El hecho de exponer una osada teoría general sin contener experimentos detallados, así como algunas argumentaciones basadas en meras conjeturas, provocaron la crítica de algunos naturalistas. No obstante, la obra tuvo un gran éxito, hasta el punto de agotarse la primera edición en menos de una semana. En sucesivas ediciones Darwin fue perfilando el libro y, en obras posteriores, fue aportando mucho material científico en apoyo de su teoría. Como consecuencia lógica de su concepción evolucionista de las especies, Darwin acometió también el estudio de la evolución humana en su obra La descendencia del hombre y la selección sexual, publicado en 1871, obra en la cual, al señalar la animalidad del hombre y su genealogía biológica que lo hace descendiente de los simios, arrebató al orgullo humano su pretendida superioridad esencial y autonomía biológica (ver hominización). Por ello, se ha considerado que, como Copérnico, que asestó un golpe decisivo a la soberbia humana que hacía del hombre el centro del universo, Darwin proseguía esta tendencia y situaba al hombre entre los otros animales, las diferencias con respecto a los cuales no son de una naturaleza sobrenatural, sino fruto de la misma evolución biológica operante en toda la naturaleza.
En conjunto, la obra de Darwin, quien mientras tanto había derivado hacia el agnosticismo
(término inicialmente acuñado en 1869 por Thomas Huxley, amigo de Darwin y gran defensor de sus teorías), supuso un duro golpe tanto para el fijismo como para las concepciones teleológicas y creacionistas. Para él, la concepción religiosa que sostiene que los seres vivos son obra de un creador inteligente carece por completo de sentido y es fruto de una proyección del hacer técnico humano sobre la naturaleza que imagina que un dios opera sobre ella como un carpintero lo hace sobre la madera, y ataca también la idea de un plan preconcebido en la naturaleza que, de existir, sería terrible, ya que condena a los seres vivos a una lucha
despiadada por la existencia y elimina sin piedad a los menos dotados.
La recepción de la obra de Darwin fue muy diversa pues, si bien entre los biólogos la hipótesis de la evolución de las especies por selección natural ya empezó a ser aceptada, de manera generalizada, hacia los años 1880, sus consecuencias filosóficas y religiosas provocaron una larga polémica, especialmente en lo tocante al origen del hombre. A este respecto, son célebres las airadas condenas del evolucionismo por parte tanto de la Iglesia católica como de la Iglesia anglicana, así como las numerosas caricaturas de un Darwin con cuerpo de mono. En 1860 el obispo anglicano Wilberforce se enfrentó en un famoso debate a T.H. Huxley y, mientras el obispo señalaba el origen divino del hombre, Huxley replicaba que prefería ser un mono perfeccionado que un Adán degenerado. Es, también, muy conocida la divertida anécdota protagonizada por aquella dama inglesa que al enterarse de las teorías de Darwin exclamó: «¿Descender del mono! Espero que no sea verdad pero, si lo es, pidamos que no llegue a ser de dominio público!». En cambio, el Origen de las especies y La descendencia del hombre causaron un impacto muy favorable entre los ambientes filosóficos de tendencia materialista, hasta el punto de que Marx escribió a Darwin dedicándole grandes elogios y le pidió autorización para dedicarle el segundo tomo de El capital, lo que fue amablemente rechazado por Darwin. Desde una perspectiva bien distinta, el darwinismo también fue bien recibido por algunos ideólogos ultraconservadores y racistas, fundadores del darwinismo social, que veían en él una justificación de las diferencias sociales y de clase. Una variante de darwinismo social especialmente influyente es la representada por la filosofía de Spencer. Entre los biólogos que
hicieron suya la teoría evolucionista, además del ya citado T. Huxley, merece destacarse el
científico alemán Ernst Haeckel.Otras obras destacables de Darwin son: Los arrecifes de coral
(1842); Sobre la fecundación de las orquídeas (1862); Los movimientos y los hábitos de las plantas trepadoras (1865); Sobre la variación de los animales y las plantas domésticos (1868); Las plantas insectívoras (1875) y la Autobiografía (1958, póstuma).